Reconoce tus heridas

Manzana con una band aid

Sanar las heridas

 

Reconocer tus heridas. Las heridas surgen por experiencias de vida sentidas como negativas. Son lesiones psíquicas que repercuten significativamente en el desenvolvimiento como adultos.

Toda persona, desde su nacimiento, inicia un proceso de experimentación, expresión y percepción emocional. A lo largo de la vida, las experiencias vividas contribuyen a la creación de un algoritmo personal que influye en su desarrollo emocional. Dependiendo de cómo se procesan estas vivencias, pueden dejar huellas que, al llegar a la adultez, fortalecen al individuo o, por el contrario, se convierten en heridas emocionales que de una manera u otra perjudican tanto la salud mental como la física. 

Reconoce tus heridas

Entre los signos que indican la presencia de una herida activa se encuentran:

  • Sensación de angustia.
  • Sensación de peligro inminente, pánico o catástrofe.
  • Tener dificultad para relajarse.
  • Dificultad para sostener la atención.
  • Dificultad para establecer relaciones sanas.
  • Sensación de vacío emocional.
  • Sentir que no vale la pena vivir.

 

Se reconocen 5 heridas.

  1. Abandono.
  2. Rechazo.
  3. Humillación.
  4. Injusticia.
  5. Traición.

Como sanar las heridas de la infancia

Reconoce tus heridas

Herida de abandono

Se presenta cuando el recién nacido es separado de su madre por una enfermedad (los niños que son colocados en incubadoras o necesitan atención médica especializada).

Aquellas personas que son abandonadas en la infancia presentan una tendencia de ver a la sociedad como un enemigo, por lo que se encuentran en constante vigilancia para no quedarse solos, su premisa es abandonar primero. Su miedo a ser abandonado genera gran parte de las rupturas de pareja. Se convierten en personas dependientes y se victimizan.

Puntos a trabajar:

  • El miedo a la soledad.
  • Temor a ser abandonado por amigos, pareja o familia.

Herida del rechazo

Es una herida que deja una huella profunda, especialmente si el pequeño (pequeña) no se siente aceptado por sus padres o cuidadores. Se necesita cariño y conexión para crecer emocionalmente sanos y si eso falla, se abre la herida y comienzan a sentirse pocos merecedores de amor, no se sienten comprendidos, por lo que las conductas que se generan son las siguientes:

  • Tendencia al aislamiento.
  • Evitar situaciones donde se sientan comprometidos.
  • Descuido personal.

 

El proceso sanador de esta herida comienza cuando se dan cuenta del crítico interno y de cómo los domina, porque siempre está allí haciendo de las suyas, al observarlo, comprenderlo y fluir a través de la crítica comienzas a desactivarlo. La compasión hacia ti mismo te ayuda abrazar esas partes vulnerables que tanto te perturban, aquí ya iniciaste el camino hacia tu libertad emocional.

Herida de la humillación

Es una herida que muchos llevan dentro por las críticas y desaprobaciones constantes de sus padres. Imagina a un niño que escucha frases como eres torpe o que lo regañan en público; eso afecta su autoestima y le deja una sensación de vergüenza. Crece pensando que sus propios padres están avergonzados de él, lo que puede llevarlo a buscar el dolor y la humillación como una especie de normalidad. A menudo se vuelven dependientes o, en otros casos tiranos y egoístas, todo como una forma de protegerse.

Para sanar esta herida es crucial trabajar su independencia, aprender, aceptar y comprender su pasado, enfrentando esos miedos y necesidades que lo persiguen.

Herida de la traición

Miedo a confiar

Surge cuando los padres le realizan promesas al niño y no las cumplen, esto genera:

  • Sentimientos de desconfianza que se pueden transformar en envidia debido a que  el niño no se siente merecedor de lo prometido.
  • No se sienten protegidos por sus padres.

 

Esta herida genera personas controladoras, necesitan sentirse en control continuo para asegurar la fidelidad y lealtad que muchas veces no permite respirar a las personas que los acompañan.

Hay sensación de vacío y desesperanza que posteriormente se transforma en desconfianza, frustración, rabia, envidia y baja autoestima.

Para sanar esta herida se requiere:

  1. Trabajar la paciencia, la tolerancia y vivir en el presente, en el aquí y ahora.
  2. Aprender a estar solo.
  3. Delegar responsabilidades.
  4. Ocuparse de sus propios procesos y evitar involucrarse en los procesos de los demás, a menos que le soliciten su ayuda.
  5. Conectarse con su lado sensible.

Herida de la injusticia

Los cuidadores fríos y autoritarios pueden dejar cicatrices profundas en los niños. Exigirles demasiado no solo genera inseguridad, sino que potencia sus miedos. Esa presión desmedida puede hacer que crezcan sintiéndose inferiores, incapaces de tomar decisiones y cuando se convierten en adultos muchas veces son rígidos, costándoles aceptar otras formas de pensar, se engaña creyendo que nada debe tocarlo y por eso parecen fríos e insensible, tiende a buscar la perfección, sus intenciones giraran en torno a ganar poder e importancia, siendo fanáticos del orden y el perfeccionismo. 

Para sanar esta herida es fundamental trabajar en la flexibilidad mental y aprender a ser más tolerante y confiado con los demás. La vida es mucho más llevadera cuando se está abierto a diferentes perspectivas.

Actividades para sanar las heridas

  1. Realiza una lista de cosas que deseabas tener, escoge una o dos y las compras, luego dices: compro lo que tanto deseaba, espero te guste y te haga feliz.
  2. Realiza una lista de lo que deseabas lograr, subraya las que lograste y resalta las que te faltan por lograr, a partir de este momento escoge una de las que te faltan y trabaja para conseguirla. 

Te sugiero esta oración, me amo y me apruebo, me bendigo por lo que fui, por lo que soy y por lo que seré.

Recomiendo asistir a tu terapeuta de preferencia para que supervise y guíe tu proceso sanador.

Realizado por: María Eugenia Peña (Terapeuta-Psiquiatra).

 

 

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